Brasil – Por Alfredo Zaiat

La crisis económica y política brasileña encuentra a la economía local más vulnerable por la política deliberada de apertura comercial y desregulación financiera. No hay un marco de cobertura para el empleo; pese a la declaración de funcionarios del Ministerio de Producción, las importaciones de bienes de consumo final siguen aumentando desplazando a la industria nacional en un mercado local recesivo, los tarifazos están minando el ingreso disponible de la población y generando estrangulamiento de costos en comercios e industrias y la dolarización de los activos se ha intensificado con la desregulación financiera y de la cuenta de capital. Todas esas medidas pueden definirse como una política procíclica. El resultado es una recesión que continúa pese a que el Gobierno y sus voceros oficiosos estrujan las estadísticas para mostrar el comienzo de un ciclo de recuperación. El consumo acumula 18 meses de retroceso y la actividad industrial no logra levantar cabeza.

Brasil está sumergido en una crisis de proporciones que esta teniendo impactos negatiBanners_estáticos_Tomate 262x300- Alfredo Zaiatvos en la región. Restar importancia al lugar central que ocupa en la dinámica económica y política de su entorno geográfico es una muestra de desconocimiento del recorrido histórico del líder latinoamericano. No sólo aparecieron cientistas sociales que han empezado a minimizar la relevancia de Brasil como potencia, sino que también han concentrado la explicación del estallido exclusivamente en la debacle de los políticos asociada con una red de corrupción pública-privada. De ese modo desplazan del debate el origen que gatilló el derrumbe y que dejó al desnudo las miserias de un sector importante de la clase política y del establishment brasileño. Ese punto de partida es la crisis económica precipitada por un descomunal ajuste fiscal y monetario. La descomposición de una forma de hacer política y de un sector de la clase política brasileña es el síntoma del desastre económico al que condujo una estrategia de gestión dominada por la bicicleta financiera y el ajuste permanente.

La red de propaganda pública y privada ha empezado a advertir que la economía no crecerá tanto este año por el agravamiento de la crisis política brasileña. Es una excusa más para encubrir que la economía no arranca. Hoy no aparecen síntomas de recuperación sostenida y no es por Brasil. La vulnerabilidad de la economía argentina no fue provocada por la denuncia contra Michel Temer, sino por las propias medidas implementadas por el gobierno de la Alianza macrismo-radicalismo. Agudizaron las fragilidades ante shocks externos con una dinámica de endeudamiento descontrolada, que exigirá necesidades de financiamiento externo crecientes y, ante la eventualidad de un endurecimiento de los mercados globales de capital, puede convertirse en un factor muy perturbador. Otro elemento de inestabilidad es el proceso de apreciación real del peso provocado por ese mismo endeudamiento externo, por la invitación del Banco Central a grandes financistas locales y del exterior a beneficiarse con una fabulosa bicicleta financiera (carry trade) y por el ingreso extraordinario de los dólares del blanqueo.

Los shocks externos negativos castigan las economías, pero lo hacen mucho más cuando, atrapados por el fanatismo ideológico, la incomprensión política o los intereses de negocios corporativos se eliminan o debilitan las escasas defensas de protección del mercado interno.

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