Carrió a una aliada táctica impensada contra la reforma laboral

Por Luis Laugé

Contra todo pronóstico, el sindicalismo peronista encontró estos días en la figura -y el discurso- de Lilita Carrió a una aliada táctica impensada, que salió a ventilar sus reparos sobre la reforma previsional impulsada por el Gobierno; una iniciativa a la que el grueso de la dirigencia gremial se resiste con igual o mayor convicción con la que dio su aprobación al proyecto para reformar las leyes laborales en la Argentina.

Los gremios enrolados en la CGT consideran que la nueva fórmula de cálculo que propone la administración Macri para actualizar los haberes jubilatorios anticipa un futuro inquietante para el sector pasivo. Algo parecido piensa la diputada Carrió, el gran tanque electoral con el que cuenta de aliada el oficialismo.

Por eso, los sindicalistas entienden que el Gobierno, al que ya le concedieron el visto bueno para una reforma laboral, debería volver sobre sus pasos, y modificar el proyecto original.

En el Senado ya se le dio media sanción a la reforma previsional, estableciéndose una fórmula de actualización que habla de un “70 por ciento del índice inflacionario y un 30 por ciento de la variación de salarios”,
Mientras, el Gobierno soporta una seguidilla de protestas callejeras, motorizadas por movimientos sociales, agrupaciones kirchneristas, gremios díscolos y fuerzas de izquierda, en contra de las tres reformas: la laboral, la tributaria y la previsional.

En su avance, el Poder Ejecutivo convocó a sesiones extraordinarias para este mes en el Congreso, pero nada le garantiza que el proyecto previsional no se demore más de lo esperado y que haya muchos más cambios de los que querría respecto de la propuesta original.

Para la CGT, la reforma laboral es un problema menor como están las cosas. Sostienen sus referentes, a pesar de los embates internos, el acuerdo con el Ministerio de Trabajo; siempre, claro está, que queden fuera de la iniciativa aquellos puntos que la conducción sindical consideró inadmisibles en un primer momento de la negociación.

En cualquier caso, la CGT hoy desconfía que el Gobierno no respete el pacto alcanzado, y vaya a querer “cambiar de actitud” con el paquete laboral, y pretenda imponer cambios fuera de lo acordado.

A todo esto, la división es cada vez mayor entre la CGT y los sectores que lideran el camionero Pablo Moyano y el bancario Sergio Palazzo. Estos vienen de coprotagonizar, junto a las dos CTA, una concurrida movilización al Congreso para repudiar la trilogía de reformas.

Es más, la Corriente Federal de los Trabajadores de Palazzo exigió que se discuta la reforma laboral en un Comité Central Confederal y que se resuelva un plan de acción, al coincidir con la CGT, en este punto sí, en un enérgico rechazo a los cambios previsionales e impositivos.

Ambos pedidos serán rechazados por la conducción de la central sindical. El triunvirato gobernante dice que el último Confederal les otorgó mandato para dar “los pasos que creyeran necesarios” sobre reforma laboral, según ratificó a Telam uno de los que manda en la calle Azopardo.

“Se acordó una reforma que no vulnera los derechos laborales, porque sacamos cuestiones perjudiciales como el banco de horas, un mecanismo para reemplazar las horas extras, que desprotegía al trabajador. También se acordó el fondo de cese laboral, pero con el aporte empresarial -y no de los empleados- como se pretendía para financiar las indemnizaciones en caso de despidos”, confió un sindicalista devenido a vocero.

Juan Carlos Schmid dijo que las movidas opositoras respondían a una visión partidaria y no sindical. En concreto, para la CGT, Pablo Moyano y Sergio Palazzo juegan a favor del kirchnerismo.

El procesamiento y pedido de prisión preventiva a Cristina Kirchner también tuvo algún rebote en la central sindical. Héctor Daer, de la Sanidad, deslizó que “al sindicalismo no lo van a disciplinar con estas cosas”
Respecto de la reforma previsional, desde la CGT dicen que nunca fueron consultados. Pero en este caso puntual, esperan que el esfuerzo para limitar las leyes lo hagan los legisladores.

Un capítulo de esta disputa sindical-legislativa dentro del peronismo lo protagonizó el senador Miguel Pichetto, que partió el bloque del Frente para la Victoria, dejando afuera a la Unidad Ciudadana de Cristina Kirchner.

Mientras los principales dirigentes sindicales participaban semanas atrás de un encuentro internacional que organizó el Vaticano, Pablo Moyano vinculaba acá en la Argentina la aprobación de la reforma laboral a un presunto pago de sobornos a los senadores (vía la ya famosa Banelco), como ocurriera durante el gobierno del radical Fernando de la Rúa, en 2001.

Pichetto explotó y reprochó que la CGT no estuviera en el momento de discutir la reforma laboral en el Senado. Como ese acompañamiento homogéneo no ocurrió, el senador rionegrino se sacó la pelota de encima. Y ahora se discutirá en sesiones extraordinarias.