Comercio Exterior – Por Alfredo Zaiat

Foto: Télam

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Las exportaciones el mes pasado marcaron una fuerte caída, una de las más importantes del año, debido a la disminución de las ventas de la industria a Brasil, que atraviesa una crisis económica y política.

El retroceso del precio internacional de las materias primas fue otro elemento relevante para explicar la reducción de las ventas argentinas al resto del mundo. Por el lado de las importaciones, moderaron el ritmo de las caídas, lo que se debe a una mayor demanda de maquinaria y otros insumos para abastecer un mercado interno que aceleró su movimiento en los últimos meses.

El régimen de administración de comercio ha fijado pautas diferenciadas de importación. Ha priorizado el uso de divisas para importar insumos y bienes de capital que no se producen en el país y cuyo ingreso resulta fundamental para el desarrollo de la actividad industrial y el crecimiento del empleo. A la vez, ha reducido la autorización de importaciones de productos terminados suntuarios para la comercialización en el mercado doméstico o de bienes correspondiente a sectores donde se ha detectado capacidad de producción local. De esa forma el equipo económico ha pretendido impulsar proyectos de inversión sustitutivos de importaciones como también alentar una mayor integración local en la cadena de producción.

Los resultados de esa estrategia han sido sustancialmente mejores que el sistema anterior: el ahorro en divisas fue de 1230 millones de dólares en 2014 sin incluir el resultado del rubro electrónica ni el de autos de alta gama (el alza impositiva implicó un ahorro de 70 millones de dólares por el menor flujo importador de esas unidades). Sin contar a la industria automotriz, el ahorro de divisas en el resto de la actividad productiva ascendió a 497 millones de dólares.

Teniendo en cuenta la actual estructura productiva con una elevada concentración y extranjerización, el saldo es importante con un criterio de corto plazo (un año de vigencia del nuevo régimen) pero debería ser más abultado en los próximos años con la maduración de las actuales inversiones como así también si se consolida esta política en el próximo gobierno.

Más relevante que el ahorro en divisas, la política de administración del comercio en este período ha sido una herramienta esencial para preservar el nivel de empleo industrial en un contexto local e internacional desfavorable. Por caso, el equipo económico estimó que si en el rubro heladeras hubieran permitido el ingreso de importadas según el pedido de las principales empresas fabricantes y comercializadoras se habría incrementado un 10 por ciento la capacidad ociosas de las plantas locales con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo.

La administración del comercio exterior, siendo las DJAI una medida importante pero no única, tiene como objetivo la sustitución selectiva de importaciones, el manejo prudente de las reservas en divisas y el incentivo de inversiones en el mercado local para impulsar el empleo y las exportaciones. Es la estrategia básica del proteccionismo para el desarrollo industrial que las actuales potencias económicas han aplicado con éxito y que, alcanzada esa meta, luego se convirtieron en promotores del libre comercio internacional. Para esta última tarea tienen de aliado a la OMC, institución multilateral donde Estados Unidos, la Unión Europea y Japón tienen una marcada influencia.

La OMC difundió un primer informe crítico sobre las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) el 22 de agosto de 2014 sentenciando que Argentina debía eliminarlas. Ese fallo fue apelado el 26 de septiembre pero pocos meses después (15 de enero pasado) el planteo argentino fue rechazado. El Gobierno manifestó entonces la intención de aplicar las recomendaciones realizadas por el panel arbitral de la OMC que se ocupó de las DJAI. En forma conjunta definieron hasta fin de año el plazo para implementar los cambios. No existe una exigencia de su eliminación pero ese mecanismo de regulación del comercio debe ser adecuado a los principios del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio firmado en 1994) que, en la práctica, reduciría su actual alcance.

La política de sustitución selectiva de importaciones, en caso de continuar durante el próximo gobierno, deberá desplegarse sin la actual estructura de las DJAI e incluir entonces formas de protección sutiles como una reformulación light de ese instrumento de regulación, los derechos antidumping, la introducción de normas técnicas, de calidad, sanitarias y fitosanitarias o el regreso de las licencias no automáticas. Todo este arsenal de protección a la producción local no debería escandalizar a los sectores conservadores que siempre convocan a imitar a los países desarrollados porque son las mismas medidas que esas economías aplican con intensidad.