Consumo – Por Alfredo Zaiat

En el gobierno aseguran que en 2017 habrá crecimiento económico porque se encenderá el motor del consumo privado. El análisis de las principales variables macroeconómicas de inflación, salario y empleo desafía ese optimismo de la Alianza macrismo-radicalismo. El año próximo el consumo seguiría en niveles deprimidos pero en comparación con un año malísimo puede llegar a mostrar cifras positivas. Aunque también es posible que ni esa pobre recuperación estadística pueda ofrecer el gobierno.
El equipo oficial de manipulación de las expectativas sociales apuesta a que el consumo no bajará en un año electoral, convencido de que son personas aptas para imitar la estrategia del kirchnerismo de fomentarlo, hipótesis demasiada arriesgada teniendo en cuenta quienes están gestionando la economía. Además aseguran sin ningún indicador relevante que lo respalde que lo peor del ciclo recesivo ha pasado. Ambos postulados son por ahora expresiones de deseos que datos duros están dejando en posición incómoda al departamento de propaganda público-privada del macrismo.
El interrogante que por ahora no encuentra respuesta convincente es cuáles serán los impulsos para animar el segmento más importante del consumo privado. El grupo de economistas que militan el optimismo 2017 señalan que será la baja de la tasa de inflación, el aumento salarial por paritarias por encima de la evolución de los precios, el otorgamiento del bono de fin de año a trabajadores estatales, privados, jubilados y titulares de la Asignación Universal por Hijo y la revitalización del mercado laboral a partir de un fuerte incremento de la obra pública.
El consumo privado representa el 74 por ciento del Producto Interno Bruto (a precios constantes de 2004). Es la variable clave a observar de la Demanda Global si el objetivo es impulsar el crecimiento económico. Ni el consumo público (12 por ciento del PIB), ni la inversión privada (20) y las exportaciones (18) pueden actuar hoy como motores potentes en la economía argentina para alimentar un sendero sostenido de crecimiento (el total da 124, a lo que hay que restar las importaciones -Oferta Global- que representa el 24 por ciento del PIB). Si el consumo privado sube 1 por ciento, con el resto de los factores constantes, el PIB aumenta 0,74 por ciento. Por eso es tan importante lo qué pasa con el consumo privado. Quienes pueden acelerarlo son los trabajadores, jubilados y titulares de derechos sociales porque tienen una muy elevada propensión a consumir la totalidad de sus ingresos. El resto de los participantes en el consumo privado son sectores que si aumentan ingresos destinan gran parte de ellos al ahorro.
Las perspectivas para el consumo privado no son muy alentadoras. Los deseos del macrismo y sus satélites políticos y mediáticos están colisionando con la realidad.
La inercia inflacionaria para el 2017 ubica la variación de precios más cerca de un piso del 25 por ciento que del dibujo del 17 por ciento del Presupuesto de Macri.
El salario real promedio ha bajado de 10 a 12 por ciento en este año, según calculan la CGT y centros de estudios ligados al mundo laboral en base a la canasta representativa de trabajadores. Esa caída ha sido un objetivo deliberado del gobierno para responder a la demanda del sector privado de reducir costos laborales. No existen motivos (política oficial, recesión y aumentos de costos por tarifas) para que empresas tomen decisiones en su microeconomía para acordar salarios por encima de la inflación en 2017.
El monto del bono de fin de año es poco relevante para dinamizar el consumo.
La inestabilidad laboral por despidos, suspensiones y miedo a perder el empleo deriva en un mayor cuidado en el gasto familiar.
Otras medidas del gobierno han sido campañas de marketing con escaso impacto en la dinámica económica vinculada al consumo: la devolución del IVA por consumos realizados por jubilados y titulares de AUH no alcanza ni al 10 por ciento del universo objetivo; y la “reparación histórica” ha cubierto por ahora a apenas 600 mil jubilados con montos mínimos, y en caso de ampliarse vale recordar que poco más del 70 por ciento de los jubilados cobra la mínima y no recibe nada. Además, de acuerdo a la evolución del empleo y de la recaudación, el aumento previsto por la movilidad jubilatoria en 2017 no recuperaría el poder adquisitivo perdido y estaría por debajo de la inflación proyectada.
Hasta ahora el macrismo ha tenido éxito en encubrir la impactante transferencia de ingresos regresiva y sus previsiones fallidas de recuperación económica, resultados que reflejan diagnósticos equivocados con una importante desorganización en la gestión, con la muy efectiva política de marketing prometiendo a la sociedad que va a estar mejor en un futuro próximo. De la mano del debilitamiento del consumo y del mercado interno ese crédito se estaría agotando.