Cristina y el teorema del obispo que llegó a Papa – Por Pablo Ibáñez

Banner Credicoo - Nuestros Valores. Nuestros - Clic de noticias 770 px. x 90 px. - Actualizdo al 12-05-2016

Son 25 puntos. Más que cualquier oferta de lo que fue el FpV. Algunos puntos más que Daniel Scioli y que Florencio Randazzo. Pero menos que el único peronista que la enfrentó y la venció: Sergio Massa.

Pero con esos 25 puntos en la provincia de Buenos Aires, según los datos de la consultora Agora, Cristina de Kirchner es una de las dos figuras más taquilleras de la oferta bonaerense. Muy lejos del 55% que sacó en su reelección del 2011.

Ese voto (que según otros sondeos baja a 22 o a 18%), además de convertirla en la mejor propuesta del peronismo y la segunda de la grilla general, establece otro límite: en lo que queda del kirchnerismo hard, no hay ningún candidato que per se logre superar los 5 puntos. De esos, Martín Sabbatella es el más competitivo.

A la vez, como el índice de rechazo a la ex presidente está por encima de los 60%, es muy difícil imaginarla como ganadora de una contienda electoral en el 2017. Todo, claro, tomando esas cifras como referencia y sometidas al arbitrio del paso del tiempo y de la dinámica política y social.

Alguna vez, al dejar la presidencia a Carlos Menem le preguntaron si competiría para ser gobernador o senador, y respondió que el que llegó a Papa no quiere volver a ser obispo. A los años, peleó y perdió una elección para gobernador y más tarde fue electo, por la minoría, como senador.

A Cristina le ocurre algo parecido. Deslizó aquí y allá que no quiere volver a ser candidata a nada. E insiste con la idea de la renovación, el frente ciudadano y la aparición de nuevas figuras. Pero, en simultáneo, asi como siempre presidente no surgió ninguna figura potente del espacio K, ahora fuera del poder tampoco, mientras ella esté en el centro de la escena, parece que vaya a aparecer alguna figura relevante.

Es una especie de autoemboscada. Si el kirchenrismo llega así a mayo del año que viene, Cristina estaría casi obligada a ser candidata por su presencia garantizaría un caudal –sino son 25 serán 18 o 14- que no garantiza ningún otro. No existe, tampoco, la transferencia de voto: Ella lo sabe cuando salió de campaña con Martin Insaurralde y el FpV sacó 30 puntos, el peor score en la historia del peronismo.

Es, a su vez, un problema: porque su presencia no sirve para un triunfo pero evita una derrota terminal. Podría decirse que, en cierto modo, Cristina debería sacrificarse pero en el mismo acto estaría abortando una renovación del espacio K.

Y, lo más nocivo, impidiendo que el peronismo aspire a ganar la elección. La presencia de Cristina como candidata frustrará, al menos así parece ahora, cualquier intento de unidad panperonista.

Y, quizá, hasta podría ser beneficiosa para el macrismo que volvería a plantear el antagonismo.

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