Curas de las villas de Buenos Aires y Gran Buenos Aires afirman que hay que “derribar muros y tender puentes para una real integración urbana”

El grupo de curas de las villas de Buenos Aires y Gran Buenos Aires expresó hoy su compromiso con la gente que vive en villas y barrios populares, para ayudarlos a vivir mejor, a través de su “real integración urbana y “con una profunda conciencia de igualdad”.

La carta, que lleva la firma del equipo de Sacerdotes de Villas de capital y provincia, expresa “cierta perplejidad” ante comentarios respecto a que “la Iglesia en general, y en especial el Papa, no quieren que los pobres dejen de ser pobres, porque de esta manera se perdería lugar de influencia”.

El equipo, integrado por unos cuarenta sacerdotes, acude al propio Evangelio de Jesús para rechazar esta idea errónea y recuerda que “a lo largo de los años” hicieron su “aporte para que los vecinos y vecinas vivan mejor”.

“No solo hemos levantado capillas, también escuelas, jardines comunitarios, clubes, centros barriales para la atención de personas con problemáticas de adicción, centros de formación profesional, oficinas de empleo, cooperativas de trabajo, etc”, señalaron los sacerdotes en una carta pública en el que destacan la importancia de “derribar muros y tender puentes para una real integración urbana”.

“Somos curas que vivimos y/o trabajamos en villas y/o barrios populares. Somos curas agradecidos de que los pobres nos hayan hecho un lugar entre ellos”, dice el texto que lleva la firma de los casi 40 sacerdotes que integran este grupo, en el que se precisa además el lugar donde realizan su trabajo.

Recuerdan que su lugar “no se trata solo de dar de comer a un pobre, sino de considerarlo digno de participar en nuestra mesa” y de hacer su aporte para que “vivan mejor”.

“Es pasar de la generosidad a la comunión”, resumen los curas de villas, que también señalan el deseo de la gente que allí vive de progresar y, tal como lo vienen haciendo, de “pasar de la chapa y la madera a los ladrillos y la losa, para así darles un futuro mejor a sus hijos y nietos”.

Dice también que todas las reflexiones deben hacerse “desde la base del conocimiento y de una profunda conciencia de igualdad” porque de lo contrario “contribuyen a levantar muros y a cavar grietas”, a “creerse distinto y no reconocerse iguales, hermanos”.

Remarca que los miles de hombres y mujeres que viven en las villas representan la fuerza “económica e insustituible del trabajo”, tanto para la construcción de casas, de la confección de la ropa, y de la venta de frutas y verduras, además del cuidado de enfermos y ancianos.

Recuerda también su histórico pedido de una “presencia inteligente del Estado” en las villas, y afirmó que hoy en día existe a través de dependencias instaladas junto a las capillas.

“Es el Estado el que tiene en sus manos las mejores herramientas para esta integración social y urbana, que nuestros vecinos anhelan. Y uno de los caminos concretos es la generación de trabajo para los sectores populares.

Donde el Estado no está inteligentemente presente, aparecen las organizaciones criminales que principalmente afectan la vida concreta de los vecinos de nuestros barrios”, se pronunciaron.

Finalmente, dice que el Papa Francisco siempre los alentó a “trabajar a favor de los más pobres” y asumió la existencia de “palabras molestas para el sistema”, porque “interpelan”, y en ese sentido advierte que “molesta que se hable de ética, de solidaridad mundial, de distribución de los bienes, de preservar las fuentes de trabajo, y de la dignidad de los débiles”.

“Molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia”, dicen, y aclaran: “La palabra de Dios es una invitación renovada a estar al servicio de los más pobres y no de nosotros mismos”.