El teorema de Vidal – Por Pablo Ibáñez

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La definición va más allá de una simple manifestación de propiedad política. Establece, sobre todo, que Vidal se asume a sí misma como la jefa de la provincia y que, aun como ladera de Mauricio Macri, entiende que ella puede y debe tener autonomía para resolver la oferta electoral de Cambiemos en las legislativas del año próximo.

Salvai desarrolló en los últimos tiempos una agenda intensa que lo sentó con casi todo el universo político provincial pero, le reprochan dentro y fuera del PRO, que esa etapa de eficaz RRPP no es suficiente para lo que le queda por delante al oficialismo. “Sin política, sin un armado de verdad, sin el cuerpo a cuerpo en los territorios, se nos va a complicar la elección” augura, con tono de alerta, un operador macrista de la provincia.

Hay dos realidades simultáneas, y que pueden parecer falsamente contradictorias, para evaluar.

Una: Vidal fue la que ganó en 2015 en la provincia, aun beneficiada por la oferta tóxica de Aníbal Fernández como candidato del PJ, pero terminó con 400 mil votos más que Macri que, además, perdió los tres turnos del 2015: agosto, octubre y noviembre.

Dos. Con ese antecedente, Vidal decidió administrar su protagonismo y su visibilidad, dejando la centralidad absoluta a Macri, de quien se nutre en las buenas aunque, reflejan sus sondeos, no resulta deteriorada por sus tropiezos.

De allí el teorema de Vidal que, bonaerense al fin, piensa como han pensado todos los gobernadores y dirigentes bonaerenses en las últimas décadas: un presidente del mismo signo político no puede dejar que su gobernador haga una mala gestión porque, como reza un mandamiento peronista, si se incendia la provincia, se incendia la Nación.

Solo Cristina de Kirchner, en 2012, se atrevió a desafiar esa tesis cuando arrinconó financieramente a Daniel Scioli. Lo hizo, claro está, con la peregrina fantasía de que el gobernador renuncie. La gestión sciolista fue, desde entonces, en picada permanente. La paradoja es que, en 2015, Cristina bendijo como su candidato al gobernador al que ametralló. Para el Güinnes.

Desde que asumió, Vidal tuvo cuatro apariciones públicas: a la defensiva, como victimaria cuando estalló la triple fuga; al dar el mensaje a la asamblea legislativa con moderadas críticas a sus antecesores; por la positiva cuando salió a anunciar el inicio de clases tras el acuerdo con los gremios docentes y, para confirmar su separación de Ramiro Tagliaferro.

En todo lo demás, deja que la centralidad política gire en torno a Macri. Es sobre el presidente, en definitiva, en quien se enfocan las expectativas porque es quien puede incidir sobre lo macro para encaminar el gobierno. Vidal entiende que si a Macri le va bien a ella le va bien; y si a Macri no le va tan bien, ella con visibilidad administrada, puede preservarse de las esquirlas.

“Quizá Mauricio no quiera reelegir en el 2019…” fantasean cerca de Vidal.