La fuerza de la demanda – Por Alfredo Zaiat

Foto/Fuente: TELAM

Foto: TELAM

La troika (Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el FMI) defiende su estrategia de austeridad asegurando que está funcionando. El saldo de esa política es lamentable en términos económicos y sociales. Siete años de ajuste y austeridad han hundido a los países periféricos europeos en depresión. El Producto Interno Bruto de Grecia se derrumbó 25 por ciento en cinco años, la tasa de desempleo subió al 25 por ciento y entre los jóvenes supera el 60 por ciento, los salarios bajaron en promedio casi 40 por ciento, la pobreza se ha duplicado, el 30 por ciento de las empresas que existía hace seis años ha quebrado, y la deuda pasó a representar el equivalente al 175 por ciento del Producto.

Existe cierto consenso entre economistas en que el denominado ciclo de oro del capitalismo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el shock petrolero de comienzos de los ’70 estuvo motorizado por políticas expansivas, planes como el Marshall de reconstrucción europea que demandó recursos millonarios públicos y privados, y un pacto de anulación y quita de la deuda externa alemana (Acuerdo de Londres de 1953), que permitió el resurgimiento de Alemania como potencia mundial. En ese período, América latina registró también un importante crecimiento con un Estado activo en la economía, y Asia, a partir de los ’70 hasta la actualidad.

En sentido opuesto, las estrategias monetarias y fiscales restrictivas del presidente estadounidense Herbert Hoover derivaron en el crac bursátil y posterior depresión de los años ’30 del siglo pasado. También las condiciones financieras humillantes impuestas en Versailles por los aliados triunfadores de la Primera Guerra Mundial a la Alemania derrotada la hundieron en la miseria, desempleo y la hiperinflación, abriendo las puertas a la irrupción del nazismo. Más cerca, las políticas de ajustes fiscal y monetario desplegados en América latina durante las décadas del ’80 y ’90 fueron ruinosas para sus economías, con crecimiento de la pobreza, desocupación y de la deuda, hasta extremos que desembocaron en caos social y default, como el caso argentino.

Pese a esos valiosos antecedentes históricos, que deberían servir de referencia para abordar situaciones críticas similares, en Europa se sigue sosteniendo la estrategia del austericidio. Como se demostró en Estados Unidos de los ’30, en Alemania de entreguerras o en Argentina 2001, y ahora en Grecia con el triunfo de Syriza, esos procesos de ajuste con inmensos costos para la mayoría de la población pueden seguir su curso hasta que quiebran el umbral de tolerancia social.

El fomento de la demanda cumple un papel relevante como motor del crecimiento y, por lo tanto, de la inclusión social. El Premio Nobel Joseph Stiglitz refuerza la idea de fomentar la demanda en su más reciente artículo publicado en Project Syndicate: “Las políticas de la estupidez económica”. Señala que el malestar que aflige a la economía mundial se podría reflejar en dos slogans simples: “Es la política, estúpido” y “Demanda, demanda, demanda”. Stiglitz advierte que el estancamiento mundial que se vivió el año pasado fue creado por el hombre, al señalar que en varias de las principales economías fue el resultado de políticas que ahogaron a la demanda.

Explica lo básico: ante la falta de demanda, se afecta en forma negativa la inversión y el empleo. “En ningún otro lugar esta situación se muestra con mayor claridad que en la Eurozona, que ha adoptado oficialmente una política de austeridad con recortes en el gasto público que aumentan las debilidades en el gasto privado”. Stiglitz propone que impulsar la demanda es lo que el mundo más necesita, indicando que el sector privado, incluso con el generoso apoyo de las autoridades monetarias, no va a proveer dicha demanda. “Pero la política fiscal sí puede hacerlo”, afirma, aconsejando que “disponemos de una amplia variedad de inversiones públicas entre las que podemos elegir, inversiones que podrían producir grandes ganancias –mucho más altas que el costo real del capital– y que fortalecerían a los países que las realizan”.

No es fácil eludir a los profetas del ajuste porque la confusión es su estrategia, pero las alertas deben estar encendidas para no caer en la trampa de aquellos que prometen bienestar castigando las bases económicas de la demanda.