La investigación del fiscal especial estadounidense Robert Mueller sobre la interferencia electoral de Rusia cumplió hoy su primer año

El comentario matinal de Trump en su primer tuit del día volvió a reflejar la exasperación del mandatario con una pesquisa que se ha convertido en una de las mayores amenazas a su permanencia en el poder, dado su potencial de derivar en una imputación ante la Justicia o un juicio político en el Congreso.

La frustración del presidente no ha dejado de crecer desde que Mueller fue nombrado para hacerse cargo de la investigación del Departamento de Justicia sobre una posible coordinación entre Rusia y la campaña del republicano para perjudicar a su rival demócrata Hillary Clinton y favorecer su triunfo en las elecciones presidenciales de 2016.

Los 12 meses de investigación han producido acusaciones formales contra 19 personas, incluyendo miembros de primera línea del equipo de campaña de Trump, varias declaraciones de culpabilidad y tensas comparecencias ante tribunales.

Nadie sabe con exactitud si el equipo de Mueller, un ex director del FBI con fama de serio y reservado, tiene alguna evidencia concreta de complicidad con Rusia o si Trump trató de obstruir la investigación, un hermetismo que se ha interpretado como prueba de que la pesquisa continúa avanzando.

Trump, que ha calificado la investigación de “vergüenza” y de “caza de brujas”, volvió a manifestar su disgusto al marcar el aniversario.

“Felicitaciones, Estados Unidos, ya estamos en el segundo año de la mayor Caza de Brujas de la Historia de Estados Unidos…y todavía no hay Colusión ni Obstrucción. La única Colusión es la de los demócratas, que fueron incapaces de ganar la elección pese a haber gastado mucho más dinero”, tuiteó el presidente.

Anoche, Rudolph Giuliani, el ex alcalde de Nueva York y actual abogado de Trump, dijo en una entrevista que el equipo de Mueller ha reconocido a los abogados del presidente que no puede imputar cargos a Trump.

En entrevista con la cadena CNN, Giuliani afirmó que el equipo del fiscal especial ha aceptado una
interpretación legal de larga data del Departamento de Justicia de que un presidente en funciones es inmune a un procesamiento.

“No pueden imputar. Al menos nos lo reconocieron tras algo de discusión, nos lo reconocieron”, afirmó
Giuliani.

Según el abogado, si Mueller encontrara alguna acción inapropiada de Trump, lo único que puede hacer es elevar un informe al Departamento de Justicia.

Este informe, no obstante, podría servir de base para un posible proceso de juicio político o “impeachment” en el Congreso.

El vocero de Mueller, Peter Carr, rechazó comentar sobre los dichos de Giuliani que, de ser correctos, confirmaría una creencia muy extendida en la comunidad legal estadounidense de que el presidente está protegido de un procesamiento mientras esté en el cargo.

Esta doctrina se remonta a directrices oficiales del Departamento de Justicia desde el gobierno de Richard Nixon, que fueron reafirmadas durante la Presidencia del demócrata Bill Clinton pero que nunca han sido cuestionadas ante la Justicia.

Mueller ha estado en contacto con el equipo legal de Trump desde hace meses para saber si el presidente accedería a ser entrevistado, como ya hecho con al menos otros 20 funcionarios de la Casa Blanca y con 28 miembros de su campaña.

“Le estamos pidiendo a Mueller: ‘Díganos que espera conseguir con una entrevista que usted no tenga ya’. Porque ya tiene todo para tomar una decisión”, dijo Giuliani anoche en otra entrevista, esta con Fox News.

“Habría un pequeño espacio en el cual podríamos aceptar, si podrían decirnos por qué lo necesitan”, agregó.
Si Trump rechaza ser entrevistado, Mueller podría citarlo bajo apercibimiento.

Aunque el precedente del caso Watergate de 1979 establece que la Justicia puede obligar a que se hagan públicos registros y comunicaciones del presidente, algunos expertos dicen que esto no puede extenderse a forzar al mandatario mismo a declarar ante un juez.

Si se desatara una batalla legal entre Mueller y la Casa Blanca por esta cuestión, seguramente terminaría en la Corte Suprema, dada su gravedad institucional y la necesidad de sentar jurisprudencia.

A lo largo de estos últimos 12 meses, una serie de medidas de Trump generaron sospechas de obstrucción de la investigación, como por ejemplo su decisión de despedir al ex director del FBI James Comey, o sus ataques contra su fiscal general, Jeff Sessions, por haberse recusado de la pesquisa, lo que derivó en el nombramiento de Mueller.

Tras su despido, Comey reveló que Trump le había pedido que archivara una investigación del FBI sobre su entonces asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, quien terminó renunciando por haber mentido a la Casa Blanca por sus vínculos con Rusia.

Un total de 19 personas y tres compañías rusas han sido procesadas o se han declarado culpables de algunos delitos.

Entre los acusados está el ex jefe de la campaña de Trump, Paul Manafort, quien está a la espera de su juicio, y Flynn, quien el año pasado se declaró culpable de mentir y has estado cooperando con Mueller.

Estos casos aún no han permitido resolver la cuestión de fondo sobre si hubo una colusión entre Trump y Rusia, pero han revelado la determinación del Kremlin y de lobbistas rusos de ayudar al republicano a llegar a la Casa Blanca.

También han expuesto la por lo general oscura trama de relaciones con intereses extranjeros tendida por asesores de Trump antes y después de la campaña.

Asimismo, han puesto sobre la mesa que hombres del presidente estaban al tanto de los esfuerzos rusos durante la campaña y que al menos uno de ellos creyó que Rusia tenía información que comprometía a Clinton y que era conveniente tratar de dar con ella.