Las Lebac y la inestabilidad cambiaria y financiera – Por Alfredo Zaiat

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Por Alfredo Zaiat
El martes 15 de agosto, dos días después de las elecciones PASO vencen poco más de 530.000 millones de pesos de Lebac, equivalente al 57 por ciento del stock de esa deuda de cortísimo plazo y al 64 por ciento de las reservas internacionales. La evolución de la cotización del dólar dependerá del monto total que se renueve de esos papeles de deuda de cortísimo plazo emitidos por el Banco Central. Si se repite el comportamiento de los inversores de las últimas dos convocatorias, la presión sobre la paridad retomará fuerza. Más que el resultado de las urnas, la bola de nieve de las Lebac es el factor más perturbador de la estabilidad cambiaria y financiera.
El costo enorme que representan las Lebac para el balance del Banco Central es equivalente a las ganancias inmensas para los inversores. El Banco Central ha diseñado una lujuria financiera con esos pasivos de cortísimo plazo. Entre el 15 de diciembre de 2015 y el 30 de junio de 2017 devengaron 251 mil millones de pesos de intereses. Esto implica un pago de 460 millones de pesos en promedio por día. Y la cuenta se sigue acumulando: si se mantiene la actual tasa de interés, o sea que no se ajusta al alza por la última corrida cambiaria, y no se incrementa el stock de Lebac, el Central habrá desembolsos 83 mil millones de pesos adicionales hasta fin de año. La entidad monetaria habrá entregado 334 mil millones de pesos en intereses en total a los inversores de Lebac en dos años, equivalente a unos 20 mil millones de dólares.
La bicicleta de las Lebac fue alimentada por el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, con el doble propósito de desalentar la compra de dólares al tiempo de retirar pesos del mercado con el esquivo objetivo de bajar la inflación. Para ello ha estado seduciendo a los inversores con tasas de interés elevadas, que tuvieron su pico del 38 por ciento en marzo de 2016 y hoy se ubican casi en el 26 por ciento anual. Esas tasas han invitado a inversores extranjeros para participar del negocio que se denomina currency carry trade sobre el peso argentino: ingresar dólares a la plaza local, luego venderlos y con los pesos obtenidos comprar Lebac, para que en un plazo determinado recomprar más dólares con el capital e intereses de esa inversión en pesos.
La tasa de interés en pesos ha estado elevada y positiva en relación a la evolución de la inflación en casi todos los meses de los últimos veinte. Incluso el Banco Central está subiendo aún más la tasa para frenar la dolarización, aunque el argumento que presenta es que así busca reducir la inflación. El miedo al dólar esmás fuerte. La tasa de interés también fue positiva respecto al recorrido del tipo de cambio. La expectativa de una fuerte devaluación en el corto plazo fue reducida porque el vertiginoso endeudamiento externo garantizaba el ingreso de dólares a la plaza local. El riesgo país siguió siendo uno de los más altos de la región pero descendió 140 puntos desde principios de octubre de 2015, antes de las elecciones presidenciales. El comportamiento de esas variables debería haber alentado a la inversión en activos en pesos iniciando un ciclo de desdolarización. Pero no fue así. No hubo una menor demanda de dólares en cada uno de los meses de la administración de la Segunda Alianza. Por el contrario, aumentó y cada vez a un ritmo más intenso alcanzando una velocidad que puede superar en 2017 la segunda peor marca anual del kirchnerismo en 2008 y estar muy cerca del máximo de 2011, año electoral como el actual.

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