Los enemigos silenciosos del mundo petrolero –Por Leandro Renou

Foto/Fuente: Télam

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Desde junio último a hoy, la cotización del barril de petróleo se desmoronó a niveles récord. El Brent, crudo de Mar del Norte que cotiza en Londres, se ubicaba a mediados de año en torno a los U$S115; mientras que hoy oscila entre U$S85 y U$S87. El valor es el más bajo en cuatro años.

Lo mismo ocurre en el crudo de referencia de Texas (WTI), que establece su valor en la plaza neoyorquina. En junio de 2014, el barril se instaló en U$S107,95; hoy está por encima de los U$S76 y con tendencia a la baja.

El análisis netamente numérico dirá que impactaron variables de producción y conflictos políticos en Medio Oriente. Lo cierto es que, más allá de eso, existió una decisión de conducción tácita de los países árabes de no intervenir para que los valores internacionales dejen de caer. Y hubo pronunciamientos por lo menos extraños. A poco menos de 15 días de la próxima reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), a celebrarse en Viena, los jefes de las naciones petroleros dejaron un mensaje en los medios.

El secretario general de la Opep, Abdullah al-Badri, pidió que “por favor, no entremos en pánico, las cosas se van a arreglar por sí solas”. En la misma línea, el ministro de Energía de Emiratos Arabes Unidos, Suhail bin Mohammed al-Mazroui, aseveró que no había la necesidad de preocuparse extremadamente por los precios del petróleo y que los precios no son un problema importante.

Es que el problema de los precios bajos del barril no es una dificultad para la OPEP, pero sí para aquellos países que en los últimos años han centrado su actividad hidrocarburífera en los desarrollos no convencionales. En ese pelotón está Argentina, que precisa valores a la alza para que las perforaciones a 3000 metros de profundidad sean lo suficientemente rentables para realizar exploración y explotación a escala. Aquí, además, apuran los tiempos de un país con un déficit energético monumental, que precisa de los yacimientos de shale oil y gas para revertir las caídas en la producción y reducir a la vez la fuga de dólares de las reservas para el pago de importaciones de energía.

Ante este escenario, es claro que hay intereses contrapuestos: los países árabes protegen su fuente como formadora de precio, dado que un crecimiento del shale en el mundo establecería cierto equilibrio de fuerzas en materia de exportación de crudo. Lo que resta saber es si países como Venezuela, aliados al bloque del sur en distintos aspectos económicos y a la vez miembro de la OPEP, pueden pesar en un cambio de consideración respecto a la intervención de los grandes productores en la estabilización del precio.

Hasta tanto, un crudo por debajo de los U$S100 traba desarrollos no convencionales y, como daño colateral, la oscilación en el valor tampoco garantiza la llegada de inversiones para yacimientos como Vaca Muerta. El juego está abierto. Por ahora, no se ven alianzas ni gestos en este sentido.