Macri ante un PJ multipolar – Por Pablo Ibañez

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La paradoja de la gran derrota peronista del 2015 es que, a pesar de su dimensión y extensión (Nación, Buenos Aires, Mendoza, Jujuy, grandes ciudades como Lanús, La Plata, Paraná, la mayoría en Diputados) como el número final mostró una foto de paridad, 48,6 versus 51,4, hizo que ninguno de las figuras del peronismo pierda del todo.

Cristina de Kirchner y el cristinismo se despidieron al grito de “sacamos 49%, después de 12 años, es un gran resultado y esos votos son nuestros”, Daniel Scioli pudo decir que a pesar del desgaste de estos años, las crisis y los boicots internos, quedó a unos miles de votos de ser presidente.

Son los dueños de la derrota: por los errores estratégicos y tácticos que le tocó a cada uno pero, visto está, Scioli todavía está en la cancha –habrá que ver si perdura en el tiempo– y Cristina amenaza con estar, a partir de febrero o marzo, otra vez activa y en la trinchera.

Acá interviene el otro factor, el tiempo. Van, apenas, algo más de un mes y medio de la gestión de Mauricio Macri. Es un plazo insuficiente para configurar cómo se manejará y en qué actores y sectores se apoyará. Más allá de los indicios que dio, lo cierto es que Macri está, todavía, en la etapa de prueba y error, de ensayo y de luna de miel en que puede tomar decisiones muy duras sin que nada, por ahora, parezca dañarlo.
A su vez, sin una configuración del mundo Macri, al peronismo le cuesta encontrar su propia configuración. De la marcha de las gestiones del PRO, de donde queden ubicadas en la línea entre el éxito y el fracaso, dependerá el perfil y los personajes que debería poner en el ring el peronismo que viene.

Un PRO exitoso podría beneficiar a Juan Manuel Urtubey, un Macri friendly, que puede presentarse como el peronismo civilizado y moderno. Eso, también, podría volver a poner en la cancha a Florencio Randazzo y quizá reposicionar a Scioli, en particular porque un buen pasar de Macri, acotaría el margen de acción de Cristina y del kirchnerismo hard que, a su vez, podría reclamar centralidad si a Macri le va mal antes del 2017.

Por eso, el tiempo transcurrido es demasiado poco para que se sepa qué Macri tendremos en el mediano plazo ante lo cual resulta complejo, para el peronismo, definir su propio perfil.

La elección de la nueva cúpula del PJ, planeada hace dos años para después del surgimiento de un nuevo presidente, se pensó para que el mandatario sucesor de Cristina decida qué hacer con el partido. Pero se dio por hecho que ese mandatario sería un peronista. Y no ocurrió.

Frente a esa situación, el PJ no encuentra el pulso y lo más probable es que intente, en estas semanas, fijar un acuerdo grande, una lista de unidad para evitar internas en el PJ que serían costosas, inciertas y podrían terminar en un escándalo, judicializado y con el partido intervenido.

Entre tanto, Macri parece beneficiarse de ese peronismo multipolar: el kirchnerismo sobreviviente, el PJ Macri friendly, los “gobernabilievers” –que parece mayoritario en los que tienen poder y territorio, quieren una relación saludable y recursos–y el sector de Sergio Massa que, hasta acá, se nutrió de la necesidad de Macri de establecer un pacto con algún peronismo y era, en el menú acotado de opciones, el único porque no podía pactar, por caso, con La Cámpora.

Al peronismo le cuesta negociar con un actor, Macri, que no es peronista ni es, en el sentido convencional, político. Macri no tuvo, por ahora, necesidad de negociar con el malón de gobernadores porque el ring principal, el Congreso, está cerrado.

Vendrá ese tiempo y Macri, entonces, podrá elegir interlocutor. Y al hacerlo elegirá, también, rival futuro.