PJ, otra renovación, y nuevas figuras – Por Pablo Ibañez

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La renovación de los 80, la mayor renovación democrática en el PJ, no tuvo ese rasgo: tuvo una matriz ideológica y de formas, una discusión en torno al concepto de modernidad pero apareció, de rebote, cruzada por cierto trasvasamiento. Un joven mendocino, con algo más de 30 años, llegó a presidente de bloque del PJ, José Luis Manzano, y otro, cordobés y con algún año más, fue el candidato a vicepresidente, José Manuel de la Sota.

Pero un ensayo más intenso, que reunió edades e ideologías, fue el de los 70 con la tendencia peronista. Otro tiempo, otro ciclo, otras ideas, gestaron un cambio y recambio que se volvió violento y terrible.

La larga década de Carlos Menem pareció carecer de juventudes. Más allá de algunas expresiones menores en el oficialismo, la ebullición juvenil se registró fuera del PJ, al menos del PJ oficial, en agrupaciones y sectores, muchos periféricos, que militaron contra Menem.
Néstor Kirchner detectó, en particular tras la crisis por la 125, que había un actor juvenil, no convencional –no llegado de los gremios ni las estructuras de gobierno- que había construido empatía con su gobierno y activó un proceso de contención y desarrollo, que se estructuró en lo que luego fue La Cámpora y a la cual, ya sin Kirchner, Cristina de Kirchner eligió casi como los actores exclusivos y excluyentes del universo peronista.

Esa renovación, apañada por la presidente, fue traumática y produjo una segmentación dentro del oficialismo que parece agudizarse a futuro: el peronismo institucional, conformado por gobernadores, intendentes, legisladores y gremios, y el peronismo K, integrado esencialmente por La Cámpora.
Pero la elecciones de 2015 introdujeron otra novedad, tan o más importante: no sólo el retroceso histórico del PJ, en materia de control del poder –perdió la Nación, la provincia, 15 intendencias centrales de PBA y provincias emblemáticas como Jujuy– sino que el elenco de actores políticos aparecerá, desde el 11 de diciembre, notablemente renovado.

Veamos en datos:

• Hasta el 10 de diciembre, el peronismo línea FPV controlará Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, Mendoza, Jujuy, Chubut, Tucumán, Santa Cruz, San Juan, La. Rioja, Salta, Formosa, Chaco, Misiones, Catamarca y –vía socio–, Santiago del Estero. Es decir: 16 de los 24 distritos del país. El PJ díscolo, a su vez, administrará Córdoba y San Luis.

• Si se mide al panperonismo, el control se extiende a 18 administraciones y solo quedan afuera: Capital –del PRO–, los provincialismos de Río Negro y Neuquén, el socialismo de Santa Fe, el silvestrismo de Fabiana Ríos en Tierra del Fuego y al radicalismo autónomo de Corrientes.

• Pero el 11-D eso cambiará porque el PJ/FPV pasará a dominar Formosa, Chaco, Entre Ríos, Misiones, Salta, Tucumán, Catamarca, San Juan, Santa Cruz, Santiago del Estero y, al menos en principio, La Rioja. A esas provincias hay que agregar la única incorporación de Roxana Bertone en Tierra del Fuego.

• Además de perder Mendoza y Jujuy en manos de la UCR, y la provincia de Buenos Aires ante el PRO, el peronismo oficial cedió Chubut y La Pampa a peronistas disidentes. Es decir: quedan 12 peronistas FPV y se suman 4 panperonistas: Córdoba, San Luis, Chubut y La Pampa.

• Pero el dato poco visualizado hasta ahora, es que en las 12 provincias del PJ/FPV, se produce un cambio de figuras: solo seguirán como gobernadores Gildo Insfrán (Formosa), Juan Manuel Urtubey (Salta), Lucía Corpacci (Catamarca) y Claudia Ledesma Abdala (Santiago). Los ocho restantes son debutantes. Hay, además, otros noveles: los radicales Morales y Cornejo, los macristas Vidal y Larreta, el socialista Lifschitz y Omar Gutiérrez en Neuquén.

• Esa renovación no se registra en los dominios del PJ disidente donde todos vuelven: Juan Sciaretti en Córdoba, Alberto Rodríguez Saá en San Luis, Mario das Neves en Chubut y Carlos Verna en la Pampa. Siguen los no-PJ Weretilneck y Colombi. En nombres, la “renovación” es de mucho despliegue: 14 de los gobernadores son nuevos.