Tensiones inflacionarias – Por Alfredo Zaiat

La tasa de inflación sube y los principales funcionarios del gobierno dicen que baja. Las tensiones cambiarias van creciendo y el jefe de gabinete, Marcos Peña, afirma que el dólar no es una variable de crisis en Argentina. El déficit comercial se profundiza por la avalancha de importados y el ministro de Producción, Francisco Cabrera, apunta que los empresarios son unos llorones. El presidente Mauricio Macri habla del crecimiento invisible orientando su mano derecha hacia abajo cuando hace esa definición en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. El secretario de Hacienda con cargo de ministro, Nicolás Dujovne, pretende enfrentar indicadores económicos negativos con declaraciones buenas ondas para modificar expectativas sociales negativas. Cuando un gobierno llega a esa instancia de pelearse con datos de la realidad, con uno de sus voceros oficiosos asegurando que la inflación está en la mente, es que la economía no sólo enfrenta las conocidas restricciones, sino que expone la carencia de conducción y coherencia para gestionarla.

El errático manejo de la política anti inflacionaria muestra la desorientación económica del gobierno. Para Macri candidato bajar la inflación era lo más fácil de hacer y la tasa de interés fue inicialmente la principal herramienta para domarla. El fracaso en esa tarea del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, orientó la mira hacia la cuestión fiscal, prometiendo el equipo económico reducir el desequilibrio de las cuentas públicas como aporte para bajar la inflación.

La devaluación de casi 20 por ciento desde diciembre pasado facilita la licuación de parte del déficit fiscal. Con gastos nominales subiendo por debajo de la inflación esperada, incluyendo salarios públicos, se evita el desborde de las cuentas públicas. Hacienda tiene de ese modo más margen de cumplir con las metas fiscales del año. El ajuste cambiario también acomoda un poco el frente externo.

El Central modificó la meta de inflación, bajó la tasa de interés y ahora reconoce que la suba del tipo de cambio está impactando en los precios. Para evitar una escalada del dólar empezó a rifar reservas (casi 400 millones de dólares en una semana) por el miedo a avivar el fuego inflacionario. Pasado mañana tendrá que decidir si sube la tasa de interés para aliviar la corrida o si sigue vendiendo más dólares para satisfacer la creciente demanda de billetes verdes

El Gobierno quiere que el salario también actúe como ancla inflacionaria al pretender la fijación del techo de las paritarias en 15 por ciento. Finalmente, otro frente de ataque es culpar a los empresarios “llorones” por los aumentos de precios. Completó así el cuado de acción, y de acuerdo al abordaje que esta haciendo de la cuestión de los precios, considera que la inflación en Argentina reconoce origen monetario (tasa de interés), fiscal (gasto público), cambiario (dólar), salarial (sindicatos) y monopólico (empresas).

No hay muchas posibilidades de que el estado de nerviosismo político que atrapó al Gobierno por la caída de la imagen de Macri junto a esa incoherencia conceptual, que se exhibe con la cuestión inflacionaria, no se traslade a una gestión económica con resultados decepcionantes transcurrida más de la mitad del mandato.

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