Un tren con bandera – Omar López

Foto: TELAM

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El contexto propio y su escenario geopolítico, el poder económico, trasnacional y su representación ideológica, cultural y política.

Cristina propone lectura y acción sobre tiempo y lugar del presente histórico sin abandonar el origen aunque resignificando la complejidad política económica presente. Ahí radica su potente liderazgo en la lucha por el poder y la acumulación social de la alianza que conduce, y que establece un antes y un después del viejo partido justicialista. El kirchnerismo está lejos de una retirada y renueva su base de sustento.

El fundamento económico y social de su gestión de gobierno debe ser analizado desde la lucha de intereses que disputan el control del poder económico, contemplado desde los movimientos sísmicos que promueve la crisis global del capitalismo, a partir del surgimiento de un nuevo escenario geopolítico en disputa por los liderazgos mundiales de los mercados, los territorios, recursos naturales estratégicos y las ideas. Su intervención sobre el atentado a la AMIA, el análisis político internacional y su implicancia local trajo luz a la noche de la mentira, la ignorancia y la manipulación política, judicial y mediática del tema. Se trata de la interpretación presente de la historia, de la idea que aporta a una lógica a la hora de construir y disputar un destino. La Presidenta hablo de intereses, del sentido de la propiedad nacional, -argumentó con números, la necesidad política de estatizar los ferrocarriles – del conveniente cálculo económico en función de un Estado Nación recuperador de derechos y enfrentado como nunca antes por una recalcitrante derecha.

Cuando la idea del Partido Judicial fue puesta en el ruedo por la propia jefa de estado, aún no se visualizaba cómo, y por dónde responder a la acción de golpe encubierto propuesta por los buitres internos y externos en asociación con una parte de jueces y fiscales adictos y cómplices de golpismo pro neoliberal, de los crímenes de lesa humanidad, y los económicos que desaparecieron el derecho al trabajo, la seguridad social, las fábricas, la educación y la democracia informativa. En su último discurso como titular del Poder Ejecutivo, Cristina señaló que se puede encontrar una respuesta; “Hay que ser independiente del poder político, hay que ser independiente de los poderes económicos, pero no se puede ser independiente de la Constitución, las leyes y los códigos”, comentó, para concluir: “Ultimamente el partido judicial se ha independizado de las leyes”. Es un planteo que abre nuevas articulaciones para contrarrestar la maquinaria de la ingobernabilidad. Como pocas veces lo complejo fue analizado para la comprensión de ese gran público víctima del ocultamiento y el engaño, aplanado por una lógica analítica que controlan los comisarios políticos, económico y partidarios del sistema capitalista atrasado y dependiente.

Desde la pregunta de por qué nunca se ha pedido justicia por las víctimas del atentado a la embajada de Israel, al detallado análisis del contexto de época y los intereses que la atravesaron en tiempo de las negociaciones de paz entre el Estado Judio y Palestina, pasando por los crímenes de sus principales protagonistas hasta la inteligente ubicación de nuestro país en la política internacional. En esa parte del todo que somos parte, la Presidenta recuerda que un crímen político nos ronda. El caso Yabrán en medio de la disputa entre Menem – Duhalde como un antecedente inquietante, tanto como pensar en un complejo plan de destierro político del kirchnerismo, en una mal llamada versión de golpe suave como el creado por Gene Sharp, que formó a los líderes de esos movimientos opositores en los últimos quince años. Al fracasar el golpe a Hugo Chávez, en Venezuela, en abril de 2002, la CIA recurre a Gene Sharp.

Cristina Fernández propone pensar el contexto sin descuidar los intereses internacionales. Una operación política para frenar la iniciativa política del proyecto oficialista y su capacidad determinante para postular el candidato y conservar la continuidad del proyecto político.

El respaldo masivo espontaneo y orgánico del frente kirchnerista congelo el movimiento ultra liberal que viene horadando al gobierno. Existe un liderazgo que supera los compartimientos conservadores de la propia fuerza hacia adentro del Partido Justicialista. Si en algún momento se pudo sembrar duda que este proyecto convence, ayer esa duda se disipó por completo. Una fuerza protagónica de generosas corrientes juveniles, orgánicas, inorgánicas, con distintas identidades y expresiones culturales y territoriales. Es un caudal generacional que deberá resguardarse con más política y capacidad de trama con las generaciones que los preceden y que siguen protagonizando la política. Es una fuerza propia que resignifica la política, actualiza la idea sobre el mundo y sus implicancias, es un determinante contingente histórico de un proceso complejo de la batalla de las ideas, sobre todo con capacidad de aporte cuando se necesita redefinir una mirada nacional, popular, antimperialista y de fuerte unidad continental.

Tal vez, estuvo ausente repasar ese escenario que es parte de este proceso político y de su ancha identidad. Porque el destino de las nuevas construcciones de liberación nacional; soberanía cultural, política, económica y comunicacional requiere profundizar más que nunca la intervención de UNASUR en el proceso de cambio.

Si como dijo Cristina recientemente hay una nueva derecha, -que es el viejo entreguismo articulado en nuevos y más impunes alianzas – esta se encuentra ante una nueva y potente construcción de la idea política nacional, popular y latinoamericana.

El escenario en el Parlamento Nacional y fuera de él avisa que los nuevos tiempos no se resignan. Se trata de pensar y ejercer la política profunda, esa que fundamenta, abre el sentido de lo justo y convence que la Patria, siempre es el otro. Hay un tren con bandera y no viaja al pasado.