Vidal, el perfume y la tempestad – Por Pablo Ibáñez

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Vidal, la segunda figura con más volumen y entidad del PRO –detrás de Mauricio Macri- solo había tenido hasta la triple fuga contrapuntos de baja intensidad con sindicalistas y con los bloques del FpV.

Midió mal el periodo de gracia o sobreestimo el poder de su halo bondadoso e innovador. Los gremios y los peronistas entienden reglas que el submundo desconoce: el cacicazgo sindical y los dirigentes del FpV/PJ saben que un nuevo gobernador llega con un escudo que, sobre todo por ser nuevo y no continuista, le otorga un tiempo de gracia.

Vidal sobre estimó el alcance de esa cobertura. Carlos Mahiques, su ministro de Justicia, estuvo tres veces en su despacho de La Plata entre que juró el 11 de diciembre y se produjo, el 27 a la madrugada, la fuga. Para entonces, más de dos semanas de tomar el cargo, no había designado al 70% de sus funcionarios.

Connivencias y picardías de guardia cárceles o autoridades penitenciarias, lo cierto es que Vidal todavía no terminó de llegar a la provincia y fue, hasta acá, su principal error. O, quizá, de Mauricio Macri que pidió, a la espera del resultado del balotaje del 22-N, dejar los lugares y nombramientos en suspenso.

Esa presencia superficial se leyó como una debilidad y un riesgo. Solo en el frente policial, al poner a Cristian Ritondo, Vidal trató de poner un pie de negociación y cercanía. Fue, dicen, un pedido explícito de Macri porque entendió que la gobernabilidad social y de seguridad del presidente, se juega en el conurbano bonaerense.

El perfume de mujer de Vidal, la impronta de lo nuevo y diferente luego de casi tres décadas en que sucesivos y mutantes peronismos gobernaron –y desgobernaron- la provincia, se perdió en la tempestad de la primera crisis.

“Mariu perdió la sonrisa” dice un colaborador y grafica como, recién la semana pasada, la gobernadora terminó de desembarcar en la furia que significa la provincia donde hay múltiples actores, cada uno con sus reglas y formatos.

El desencuentro con el presupuesto, una negociación a cinco bandas que tiene derivaciones en la interna del PJ pero también en la de Cambiemos y puso a prueba la validez del pacto Vidal-Massa, fue un golpe que, hasta la tarde previa, no esperaban. Es más: el vidalismo, que confió en Massa y en una parte del PJ, creyó que la película terminaría de otro modo.

Lo que viene estará marcado por esos episodios:
Vidal, rápidamente, ya es otra.