OCHO DE CADA DIEZ PRODUCTORES PREVÉN VENDER PARTE DE SU COSECHA EN ESTA CAMPAÑA, EN MEDIO DE LOS ALTOS PRECIOS

Casi el 80% de los productores consultados prevé vender una parte de su producción en esta campaña, lo cual permitirá incrementar el ingreso de divisas por los altos precios internacionales de los commodities, según un estudio de la Universidad Austral.

Los productores necesariamente deberán vender parte de su producción para poder hacer frente a deudas asumidas para la presente campaña, de acuerdo con el índice «Ag Barometer Austral», elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de esa casa de altos estudios.

La encuesta toma las respuestas de 406 productores, cuyo valor bruto de producción es igual o mayor a 200.000 dólares.

Cuando se les consulta específicamente si piensan hacer inversiones de capital, el 54% de los encuestados prevé invertir lo mismo o más que en 2020.

Hay un 18% de los productores consultados que piensa invertir algo menos que el año pasado, y sólo un cuarto de los productores dice que no lo hará.

Principalmente, los rubros elegidos tienen que ver con el mismo negocio agropecuario: infraestructura para el campo, la maquinaria y los vehículos son los primeros mencionados.

Sólo el 7% menciona como alternativa a los activos financieros y el 3% a los inmuebles urbanos.

Por primera vez desde que este estudio se lleva adelante al menos la mitad de los productores considera que es un «buen momento» para hacer inversiones de capital.

Los especialistas de la Austral consideran a esto como «llamativo», porque históricamente los productores se mostraban bastante reticentes a realizar inversiones.

Aproximadamente la mitad de la producción tendría que estar vendida antes de julio para poder cubrir compromisos, según el sondeo.

En principio, este número es inferior a lo que se planteaba en abril de 2020, considerando que en aquel momento las estimaciones en función de lo que argumentaban los productores rondaban el 60% de la producción.

Mientras que el maíz y la soja en pesos cotizan prácticamente al doble que el año pasado, y el trigo un 40% por encima, la producción agrícola bajó por cuestiones climáticas.

La confianza de productores agroindustriales que consideran hacer inversiones de capital registró un aumento en los primeros meses del año, según el estudio.

Los buenos precios internacionales, con la soja en US$ 565 la tonelada, y las expectativas de rentabilidad superiores a la campaña anterior explican una nueva mejora en la confianza de los productores, a pesar de la incertidumbre política.

El índice de confianza del productor agropecuario argentino consolida una recuperación por cuarta edición consecutiva, y se acerca a un valor de 100, el más alto de las últimas nueve ediciones.

De hecho, para el caso del Índice de Condiciones presentes el valor de 88 observado en esta última edición es el segundo mayor de toda la serie.

Una buena parte de los resultados económicos positivos se volcará a inversiones en activos fijos: más de la mitad de los productores espera invertir lo mismo o más que el año pasado.

En cuanto a la ganadería, la enorme mayoría de los productores mantendrá (58%) o incrementará (30%) el stock.

Es una respuesta a los buenos precios actuales, en particular de la cría e invernada y a expectativas de que los valores actuales se mantendrán.

El informe aclara que el relevamiento fue realizado previamente a las recientes declaraciones respecto de un potencial cierre de exportaciones.

Sin embargo, los académicos del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Austral señalan que «estas expectativas favorables de rentabilidad e inversión en incremento de stock, nuevamente se ven ensombrecidas por los anuncios oficiales de control de las exportaciones, que se asemejan mucho a los ROE rojos implementados durante la gestión de Guillermo Moreno en la Secretaria de Comercio a partir del 2006».

«Los resultados de esas políticas fueron muy negativos para el sector ya que de decisiones de inversión e incremento del stock se pasó a una etapa de enorme liquidación de vientres (las máquinas de producir terneros) y finalizó con una caída del stock ganadero de 10 millones de cabezas y la desaparición de la Argentina de los mercados internacionales pasando a ser el exportador número 11», sostienen los especialistas.

Se bajó de 800.000 toneladas a 180.000 toneladas de exportaciones y el consumo interno pasó a representar más del 91% de la demanda total.

Esas políticas, según detalla el informe, no lograron el objetivo de bajar el precio de la carne, sino que la escasez, resultado de una menor oferta presionó al alza de los valores de la carne en el mercado interno sin lograr los objetivos deseados.

Además, se produjo el cierre de muchas plantas frigoríficas dedicadas a la exportación con la pérdida de un número importante de fuentes de trabajo.